Recuerdas cuando eras pequeño y te preguntaban ¿qué quieres ser de mayor?, entonces podías responder en base a la admiración que profesabas al último superhéroe de moda del momento, o a aquella persona a la cual admirabas desmesuradamente.

Ni te planteabas ser empleado público, pero sin embargo, sí que imaginabas que con llevar una capa roja podías volar y darle la vuelta al mundo en décimas de segundo para enfrentarte contra el malo de la película.

Soñabas despierto, incluso había veces que ni parpadeabas, te disfrazabas y hacías lo que hiciese falta para darle toda la realidad posible al momento de la tarde, que era del que disponías para jugar.

Todo eso lo hacías cada vez que podías, hasta que vas creciendo y adquiriendo responsabilidades, te haces mayor 🙂 y decides opositar para ser funcionario, lo puedes hacer por distintos motivos, puedes estar cansado de estar desempleado, estás buscando un cambio laboral, puede resultar que te gusten las condiciones que ofrece la Administración Pública, mil y una razones.

El caso que cuando se decide opositar, se tiene que tener claro que es un trabajo a largo plazo, por lo que es muy importante no perder la motivación con la que inicias esta aventura.

Ir creando día tras día esa realidad que tanto anhelas, con paciencia, constancia, pendiente del mínimo detalle, para cuando llegue el momento, demostrarlo con coraje, con ilusión, con seguridad, porque crees en ti y sabes que lo vas a conseguir.

Te propongo que sueñes despierto mientras lees este post, visualízate cómo vas a conseguir esa plaza, todo el trabajo que supone durante meses completar ese temario (el cual odias profundamente pero que al final lo dominarás como las tablas de multiplicar), resúmenes, esquemas, clases con tu preparador, simulacros de exámenes, etc.

Empiezas a presentarte a varias pruebas de distintas localidades, tienes que tantear qué nivel tienes en verdad y el que disponen tus competidores, los nervios, la ropa que seleccionas para ese día, si hará sol o lloverá, cuánto tiempo tardas en llegar al lugar donde se celebrarán las pruebas, piensa cómo vas a estar contestando esas preguntas que te has preparado con tanto ahínco.

Visualízate entregando el examen y saliendo de ese lugar, donde has sudado sin darte cuenta, has estado tenso, tu cuerpo te lo dice pero conforme transcurre el día comienzas a pasear por la calle, por la playa, respirando, dejando entrar el aire por tus pulmones, disfrutando de un café con los amigos, visitando la familia, haciendo todo lo que has ido posponiendo por estar 100% en este momento.

Pasan los días, y todavía no hay noticias, la espera parece eterna, continuamente consultas el portal web de la Administración en cuestión, llamas por teléfono al Departamento de RR.HH e incluso decides ir.

A través de tus ojos empiezas a leer la lista de aprobados, un nombre, otro, entonces paras de tragar saliva y vuelves a releerlo todos los nombres otra vez y tu corazón empieza a palpitar rápidamente, no sabes si llorar, saltar, hasta que empiezas a llamar a todo el mundo, tu madre, tus amigos, tu preparador y gritas “SOY FUNCIONARIO”, estás eufórico, pero te da igual, porque la alegría invade tu ser, lo has conseguido.

Llegada la noche no duermes, la adrenalina recorre tu cuerpo y te sientes… un superhéroe.

ENHORABUENA!