¿Qué es un comodín?
Según el Diccionario de la Real Academia Española, significa:
“Persona o cosa que sirve para fines diversos, según la conveniencia de quien dispone de ella.”

Entre mis recuerdos figura la primera vez que escuche esta palabra, jugaba a las cartas con mis hermanos y la verdad que no me iba muy bien, pero de repente me tocó esa carta que no sabía lo que significaba, que era distinta a las demás y que según me explicaron tenía mucha suerte de tenerla, ya que la podía utilizar cuando yo quisiera y en sustitución de cualquier otra carta que no tuviese en ese momento… pensé que suerte, para mí era la mejor carta de la baraja.

Hoy en día el apodo del comodín se ha ido adaptando a distintos “paisajes”, pero dándole el mismo valor que explicaba anteriormente.

Desde fuera, la Administración parece muy organizada, muy estructurada, cada paso que se da no hay lugar para el error o el fallo, incluso desde dentro de ella, cuando observas otros departamentos también percibes esa sensación, pero no siempre es así, porque Función Pública la forman personas, de carne y hueso.

Al igual que sucede en la empresa privada, un servicio público requiere de una estrategia organizativa, ya que sino de poco importa el número de funcionarios que estén impulsando ese trabajo.

Algunos jefes que no es lo mismo que líderes, se ahogan en un vaso de agua, sin darse cuenta que tienen más recursos de lo que creen para solucionar el caos en su oficina.

Cuando se incorpora un empleado público a un departamento, ignora las funciones que realizáis cada uno de los integrantes del grupo, independientemente de su experiencia en la Administración Pública, desconoce la forma de trabajar de ese departamento, si encima se lleva la sorpresa de ser el comodín de cada uno de sus compañeros, sin que nadie tenga el detalle de explicarle las cosas…se obtiene como resultado un caos asegurado.

Por eso, a continuación menciono alguna de las pautas que puedes seguir en el caso de que seas el “comodín” de alguien:

1. Ten tu propia libreta:

Parece como si fueses al colegio otra vez y en realidad es bastante parecido, ya que cada día vas a aprender algo nuevo y distinto al anterior y que probablemente ese trabajo no lo volverás a realizar en unos días, semanas o incluso meses.

Por lo que no te cortes, ten tu libreta, con sus apartados, con las anotaciones de cada paso a seguir y el porqué se hace así.

Del mismo modo, señala con indicadores de otro color, letras en mayúscula, marcadores, ponle lo que quieras a esos datos importantes, que en realidad son las excepciones, por las que te pueden hacer repetir ese informe, propuesta o documento que corresponda.

2. Revisa tu trabajo.

Como he comentado, si llegas de nuevo a un sitio y no tienes ni idea de lo que tienes que hacer, puedes tropezarte con cuatro situaciones:

  • Que tu jefe sea un gran profesional y sepa de lo que habla y como explicarlo.
  • Que el caso anterior no se dé y tengas unos compañeros que quieran ayudarte pero que tampoco tengan tiempo.
  • Que haya algún compañero que decida echarte un cable.
  • Que estés más sólo que la una.

Pues bien, indistintamente cual sea esa situación y por mucho trabajo que vayan delegándote, una vez que lo termines, lee, relee y vuelve a leer, revisa cada paso que has dado para llegar hasta ahí y si has cometido algún error, vuelve al primer paso, anotalo en tu libreta, eso te ayudará cuando vuelvas a hacerlo.

3. Ayudar a los demás.

Está muy bien tener esos actos solidarios con tus compañeros pero piensa que si tu trabajo lo tienes cogido con pinzas, tal vez, sería interesante que antes de ser tan detallista, estaría bien que reorganizarás tu trabajo, tu mesa, tus archivos, anotarte en que fase está casa expediente, es decir, si está pendiente de firma, o registro de salida o falta un informe de otro departamento para completar ese expediente, todo esto por supuesto son ejemplos que los puedes adaptar a tu trabajo ;).

4. Prioridades.

Conforme vas avanzando en tu departamento, te van delegando más trabajo y por supuesto lo mío es más importante que lo del otro, pero lo del otro es más urgente que lo del anterior y así, así tu jornada laboral transcurre como si fueses como una moto o mejor dicho terminas como si la moto hubiese pasado por encima de ti.

Prioriza de lo que es importante, a lo que es urgente, fíjate en los plazos, en la complejidad de ese trabajo, si depende de ti o de alguna persona más, etc.

5. Decir que NO.

Volvemos a intentar agradar a todo el mundo y a eso le sumamos lo urgente y lo importante de los demás, ¿qué sucedería si te delegan dos tareas que se tienen que finalizar al mismo tiempo?…creo que no te puedes partir por la mitad, por lo menos yo no conozco a nadie que lo pueda hacer.

Dilo sin miedo, que no te da tiempo, que necesitas ayuda, etc. Pero dilo, porque sino el responsable de ese trabajo eres tú, sí, sí, tú, va a dar igual quien te haya pasado el trabajo a punto y hora, está encima de tú mesa, así que espabila.

6. Culpabilidad 0.

Si después de todo lo anterior, ese trabajo, proyecto, servicio o lo que sea, no ha salido como se esperaba o como a ti te hubiera gustado que fuese el resultado, que quieres que te diga “quien da lo que tiene no está obligado a dar más”.

Así que el sentimiento de culpa déjalo para quien corresponda, que en esta ocasión no te toca a ti.

7. Tú marca.

En cada cosa que hagas en tu trabajo (en tu vida también) dejas tu marca, ¿cómo?, por ejemplo, cuando pensamos en una bebida, como puede ser Coca – Cola, visualizamos una lata roja y que lleva escritas las letras de Coca-Cola en color blanco. Pues así, contigo también, en tu forma de vestir, de expresarte, de comunicarte, de relacionarte, de andar, de reírte, todo tú eres “una marca”.

Pues eso, se refleja en tu trabajo, como lo haces, la importancia que le das, si eres puntual, etc.

¿Cuánto vales?
Pues muestralo al mundo, que sí que te equivocas… no pasa nada, eres persona, eres humano, eres trabajador.

8. Sí y qué.

Todo el mundo se equivoca, no conozco a nadie que no le pase, incluso aquellas personas que están acostumbradas a hacer todos los días lo mismo, A, B y C con monotonía y desinterés.

Ya, ya el trabajo es correcto, pero hasta qué punto, de verdad piensas ¿qué no se están equivocando? Se han vuelto obsoletos, ineficaces, ya no les interesan ni a la Administración, ni a la empresa privada y lo más triste ni a ellos mismos.

Así que si te equivocas es porque trabajas, si estuvieses parado sin hacer nada, ten por seguro que también te estarías equivocando pero contigo mismo.

9. Volver a empezar.

Sitúate en el momento de que la metedura de pata ha sido tan monumental, que no te queda otra que rectificar, pues se rectifica y punto, teniendo en cuenta los pasos anteriores, ya sabes para que no vuelva a pasar.

Y como ante esto no puedes hacer nada repítete “Rectificar es de sabios”.

10. Desconexión.

Lo que hagas durante la jornada laboral, se queda ahí, si decides llevártelo a tu casa, siento decirte que no lo vas a poder agilizar, ni arreglar, ni nada de nada.

Además, el tiempo de descanso que le dediques a tu trabajo, no lo cobras, ni te lo van a reconocer de ninguna de las maneras, así que, a cada momento de tu vida dale lo que corresponde y si resulta que esta tarde toca irse a la playa, pues ya sabes, a ponerse morenit@.

Si aun así continúas desanimado pregúntate ¿cuál es el motivo por el que estás ocupando ese sitio?

Te agradezco tu tiempo y me gustaría volver a tenerte por aquí en el próximo post.

Besos.